Meditaciones Guiadas – Conócete a tí Mismo

Prácticas fundamentales de Samadhi

Parte 4 – Conócete a tí Mismo

Esta narración no es realmente una meditación guiada en el sentido de que no habrá instrucciones para seguir. Le estoy hablando directamente a esa parte de ti que está más allá de la mente pensante, así que haz tu mejor esfuerzo por no escuchar con la mente analítica. No intentes aprender nada con estas palabras. En cambio, deja que las palabras creen una apertura, un espacio para ingresar, una resonancia.
Las palabras mencionadas son indicadores de algo que requiere un salto a lo desconocido. El antiguo imperativo «conócete a ti mismo» apunta a ese viaje de descubrimiento del SER que se encuentra más allá del pensamiento y de los sentidos. Apunta a la realización y unión con nuestra verdadera naturaleza. Esta unión es Samadhi. No es un estado místico o alterado. En realidad, la mayor parte del tiempo nos encontramos en un estado alterado, un estado ilusorio, Maya, la identificación con forma y pensamiento.
El camino hacia la realización es simultáneamente una exploración para descubrir más y más de ti mismo, y al mismo tiempo la sabiduría para identificarte cada vez con menos y menos de ti mismo. El aspecto yin de la meditación es aceptar «lo que es» sin resistencia. El aspecto Yang es estar completamente presente, completamente consciente; una conciencia que, por su propia naturaleza, penetra en lo que ES.
Ambos se practican simultáneamente. Estar presente y aceptar lo que es, no son actividades en el sentido habitual. Estar presente o ser presencia, simplemente ser lo que ya eres, es simplemente estar abierto y receptivo a lo que ES. Del mismo modo, estar en un estado de no resistencia o ser ecuánime es simplemente estar abierto y receptivo a lo que es – en el campo de los fenómenos cambiantes. La meditación más avanzada es aprender a no hacer nada, a darse cuenta de lo que la mente ya está haciendo y soltarlo.
En las meditaciones previas utilizamos la respiración como un puente para anclarnos en el presente, para enraizarnos en lo real, para penetrar en lo que es, haciendo concientes los patrones inconcientes de la mente. Penetramos en los pensamientos y sensaciones que surgen y desaparecen en todo el cuerpo. Observamos lo que surge espontáneamente en el nivel mental sutil antes de etiquetarlo y antes de discriminar esto y aquello. El campo de fenómenos cambiantes es todo lo que es impermanente.
Observamos la impermanencia en sí misma, el mundo fenoménico total como un campo de energía cambiante: ‘annica’. En la meditación, la práctica es estar siempre atento a la mayor cantidad posible de aspectos sutiles agudizando la mente para observar las actividades inconscientes ocultas del yo. Cuando el observador comienza a desaparecer o a fusionarse con lo observado las sensaciones se vuelven más ondulantes, más fluidas o fluyen libremente. Nuestra conciencia se vuelve UNO con el aliento original, la expresión creativa original llamada ‘prana’; la fuerza vital pura en sí misma.
En las tradiciones yóguicas, el prana es el principio que anima el universo. Este principio tiene su propia inteligencia innata. Es la inteligencia que posee el cuerpo para curarse, latir, digerir la comida, respirar, distribuir el oxígeno, etc… en forma simultánea. Prana es el pulso primordial de expansión y contracción, la palabra divina, el logos, la espiral de la vida, nuestro patrón original, que es el ADN con el que nacimos en este cuerpo humano.
Observa la realidad tal como es en este momento, el campo cambiante .. ahora, falta algo? ¿Hay algún aspecto sutil o dimensión de la realidad que no conozcas? Algo escondido a simple vista? Qué es lo que determina el campo cambiante de los fenómenos? De dónde surgen? Qué hay en mí que mueve la respiración dentro y fuera? Qué es lo que me permite ver, pensar y escuchar? Estas no son preguntas para ser respondidas con la mente. Pero a lo que apuntan, hacia lo que apunta la investigación se revela cuando hay un cese del pensador.
En los Upanishads se dice «no lo que el ojo ve, sino aquello por lo que el ojo puede ver” eso por sí mismo es Brahman el eterno, no es lo que veo y pienso, sino aquello por lo que puedo ver y pensar, eso es Brahman o nuestra verdadera naturaleza. No se trata de pensamientos, imágenes y sonidos en particular. Reconocer por lo cual son posibles; la fuente de la cual surge todo el campo fenoménico, que podrías llamar el fundamento de tu existencia.
El fundamento de tu existencia no puede verse como un objeto o sujeto, es aquello de lo cual surgen el pensamiento y todos los fenómenos. Es el gran misterio de tu ser, el siempre presente «YO SOY». La conciencia permanece conciente de sí misma como conciencia. No hay un ser que ve. No hay un «yo» que ve, escucha o piensa. Ver, escuchar y pensar: estas cosas simplemente suceden pero no existe un YO involucrado.
La conciencia permanece desidentificada, más allá, conciente de sí misma. Atestigua al testigo, observa al observador. Primero habrá identificación con el ser limitado y el funcionamiento de los skandhas, el ser falso, el ser cambiante. Habrá un testigo y lo que atestigüe. Pero eventualmente esta dualidad colapsa. Se realiza la dimensión trascendente de la no dualidad. No puedes imaginar qué es Samadhi. No busques algo y no ignores nada. Se persistente. Llega al punto en el que te mantengas inamovible. No es que tu mente se vuelva inmóvil, sino que te das cuenta de la parte de ti que no se mueve.
Al igual que Buda bajo el árbol Bodhi o Cristo en la Cruz, tu meditación crea condiciones sin salida para el ego. No reaccionas ante el dolor o el éxtasis que pueda surgir. La conciencia permanece en el sentido de «YO SOY» o se podría decir “con Dios” si prefieres esa expresión. Ábrete más allá del dolor y del placer, más allá de la comodidad y la incomodidad. Más allá del ser y del no ser. Más allá de la percepción y la no percepción.
Hay dos dimensiones fundamentales o dos aspectos de la existencia humana: lo que cambia y lo que no cambia. La mente o estructura del yo crea esta separación para tener una experiencia humana desarrollándose en el tiempo. Pero al experimentar esta singular limitación, hemos olvidado nuestra verdadera naturaleza. Ahora es tiempo de recordar.
Lo que cambia podría llamarse lo relativo. Cuando quitas todo lo relativo, todo lo que cambia, te quedas con lo absoluto; pura conciencia o «ser». Lo que no cambia es lo absoluto. Cómo nos damos cuenta de lo absoluto? Como hemos repetido una y otra vez en esta serie de meditaciones, no hay instrucciones. Es la mente la que siempre quiere saber cómo, pero no puede. Purificamos la mente diferenciándola de la conciencia al no reaccionar a nada de lo que surge.
Se requiere un tremendo trabajo, pero no el trabajo de «hacer». Nuestra preocupación por hacer es el obstáculo. Cualquier «cómo hacer» es un producto de la mente y conducirá a un “hacer” interminable. Cuando no hay mente que busca puedes reconocer que la mente crea lo relativo y lo absoluto. La forma es exactamente vacío y el vacío es exactamente forma. El vacío danzando el mundo hacia la existencia. La posibilidad de comprender la relación entre lo relativo y lo absoluto se denomina Prajna; la sabiduría de la gran realidad.
Vivir esta sabiduría es bailar libremente entre el mundo temporal y el eterno. No se trata de renunciar al mundo material por el espiritual, renunciar a una cosa por otra. Nunca se trata de «esto o aquello», siempre es «esto y aquello». Siempre es integral. No es un estado alterado, algún estado que ocurra en el futuro, algún estado místico. Es tu estado del ser en este momento: tu experiencia de este mundo, esta realidad no interferida por el pensamiento egoico.
La enseñanza es tan simple y tan sutil que tu mente siempre la perderá. Si en tu práctica de meditación tu mente intenta descubrir cómo hacer algo, cómo realizar tu verdadera naturaleza, has confundido qué es la meditación. Si tu mente controla tu práctica de meditación, si te identificas con la técnica o con el “hacer”, la actividad de la mente continuará distrayéndote de la realización de tu verdadera naturaleza.
Utilizamos la palabra meditación como un verbo; «meditar» .. pero en realidad no es un verbo. Cuanto más estás en meditación, menos hay alguien haciendo algo. El enigma para el despertar es que la mente está operando en muchos niveles de los que no somos concientes. No sabes lo que no sabes. Si estás inconsciente, entonces, por definición, no eres consciente de ello. Hay niveles ocultos del ser que son profundamente inconscientes, como un puño cerrado manteniendo al ser en su lugar. No podemos relajar ese puño hasta que se descubre, hasta que es penetrado por la conciencia y se vuelve conciente.
En meditación se revela lo que ya está allí, se excava, se trabaja con gran enfoque y convicción, con determinación y conciencia, revelando el misterio primordial del que surgen todos los fenómenos. Cuando se revela el misterio, no se revela simplemente la divinidad de tu propio ser, sino la divinidad de todas las cosas. Literalmente no hay un “yo” que despierta, el yo que creo que soy despierta a la única naturaleza verdadera de donde surge todo. Cuando en meditación observamos el campo de fenómenos sin reaccionar y sin resistir desde los diferentes niveles de la mente, se pueden revelar los profundos patrones inconscientes de la estructura del yo
El nivel físico básico, el nivel del pensamiento – la matriz del lenguaje que crea la realidad externa – los niveles más sutiles – las capas arquetípicas relacionadas con la mente superior. Y finalmente Ananda o el nivel de la Felicidad Suprema. Realizar Samadhi es primero descubrir y darse cuenta del vacío de todas las capas de la mente, liberarse o abandonar la identificación con todos los niveles del yo, desde lo básico hasta lo sutil. En el Sutra del Corazón se dice que al darse cuenta del vacío de los cinco skandhas, el vacío de la estructura del yo, el Bodhisattva despierta al realizar su verdadera naturaleza.
Realizamos nuestra verdadera naturaleza por el camino negativo, lo que los santos cristianos llamaron «vía negativa» o en el taoísmo se conoce como “wu wei” no hacer. Del mismo modo, en el Advaita Vedanta «neti neti» es el término utilizado para describir «no esto, no aquello”. Descubres lo que eres reconociendo lo que NO eres.
Al observar todos tus pensamientos y sensaciones cambiantes, de lo grosero a lo sutil, te das cuenta de que todo es impermanente Qué es lo que queda? No puedes buscar una cosa, un sujeto u objeto. El yo inminente es lo que está detrás de la búsqueda. Tú ya eres lo que has estado buscando. Relájate en la no acción. Deja de buscar y ríndete al corazón de tu ser.
Así como el ojo no puede verse a sí mismo, el observador no puede observarse a sí mismo. Podemos atestiguar nuestras sensaciones corporales, pensamientos, emociones, actividades de la mente, pero QUIÉN es el testigo de todo lo que cambia? Hay una parte de ti que no cambia, que no se ve afectada por todo lo que surge y desaparece. No puedes encontrarla porque ESA es la parte que está buscando.
No dejes que la mente se involucre. Mirando directamente a la mente, reconoce tu verdadera naturaleza y despierta. Reconoce tu «Ser», que está más allá del pensamiento y la sensación. En Samadhi ocurre una especie de milagro: el reconocimiento de una dimensión más allá del movimiento y la quietud. Es imposible transmitir lo que es con palabras. No está separado de ti mismo, pero hasta que se reconoce como propio, está latente como si estuviera dormido. Tú ERES esa presencia.
La sabiduría solo puede nacer. Prajna solo puede nacer, y cuando nace se da cuenta de que nunca nació. La muerte y el nacimiento son parte de la identificación con la forma. Acontece un despertar, un recuerdo o un reconocimiento. La mente no puede forzar al SER primordial, al fundamento de la existencia a despertar. Literalmente se despierta a sí mismo. El despertar es un cese de la identificación o confusión con el yo limitado.
Ese despertar puede suceder en cualquier momento de tu proceso. Por lo general, es sólo una apertura temporal que se pierde fácilmente una vez que la energía comienza a retornar a los viejos patrones condicionados y a las actividades de la mente. La mente puede adueñarse de un despertar o de una experiencia verdadera. La estructura del yo prefiere creer que ella misma está despierta o iluminada.
Despertar a la verdad ha sido llamado ‘portal sin puerta’, la puerta que “nadie” puede pasar. Esta es la puerta de la sabiduría; la realización de prajna o panna, la realización de la conciencia Crística, la naturaleza de Buda. No hay puerta para entrar a la gran realidad, pero hay infinitos caminos. Los caminos, los Dharmas, son una espiral infinita sin principio ni fin. Nadie ingresa en el portal sin puerta. Ninguna mente ha descubierto como hacerlo, ninguna mente ha pasado ni lo hará. Cómo pasar? No hay cómo.
Nadie puede pasar el “portal sin puerta”, de modo que conviértete en nadie. Realiza annata, el no-ser. Es tu mente la que crea el portal, la barrera entre lo interno y lo externo. Permite que tu mente se vacíe hasta las mismas profundidades. No permitas que nada se esconda en el inconsciente. Que incluso el inconsciente sea transparente. Permite que la mente esté quieta en sus profundidades y encontrarás que no hay puerta. Permanece quieto y conoce.